Una comida cambia la señalización en el intestino primero, pero los efectos no se quedan ahí.
La información sobre el estiramiento, los nutrientes y la liberación de hormonas sube por rutas que conectan el tracto digestivo con el cerebro. Distintas regiones procesan luego esa información de maneras distintas. Algunas se ocupan más del apetito y el balance energético. Otras se ocupan más de la recompensa, la relevancia o la lectura del estado interno.
Esta es una de las razones por las que el marco intestino-cerebro importa. La comida no solo se descompone. Se traduce en señales que distintas partes del sistema nervioso leen con propósitos distintos.
El punto biológico es la coordinación. Una sola comida puede alterar varios sistemas a la vez porque la respuesta de señalización está distribuida.