Función 1: regulación a larga distancia
Al comer, el páncreas libera insulina para normalizar la glucosa. Horas después, péptidos como la grelina coordinan el hambre.
Estas señales que viajan por la sangre son las hormonas. Hormonas peptídicas como la oxitocina coordinan los procesos más grandes del cuerpo.
Función 2: sensación y emoción a nivel local
Al golpear el pie, las endorfinas actúan como señales locales en las células nerviosas. Alivian el dolor al instante a nivel celular.
Estas señales se llaman neuropéptidos. Regulan el estado de ánimo y el estrés de forma local, sin viajar por la sangre.
Función 3: reparación y defensa
Tras un corte, las células liberan péptidos antimicrobianos que eliminan bacterias. Al mismo tiempo, convocan al sistema inmune para reparar el tejido.
Estas señales de crecimiento coordinan la defensa en el sitio exacto de la lesión. Indican a las células que reconstruyan y sanen.
Tres funciones distintas, un mismo diseño de fondo
Una señal. Un receptor. Cada péptido es una llave hecha para una sola cerradura. Nada más. Nada menos.
El cuerpo combina apenas 20 aminoácidos en diferentes secuencias para fabricar miles de señales peptídicas distintas. Esta especificidad permite que un péptido diseñado actúe sobre un proceso biológico concreto sin alterar los demás.
Unacosamás
El cuerpo produce sus propios analgésicos, como las endorfinas, que se acoplan con total precisión a los mismos receptores que la morfina. Cuando se descubrieron estos receptores en los años setenta, los científicos se preguntaron por qué el cerebro tenía una cerradura para una flor de amapola.
Esa cerradura fue diseñada para nuestras endorfinas, y la morfina es solo una impostora molecular que encaja en la misma entrada. Cada analgésico opioide del mercado toma prestada una llave que el cuerpo diseñó primero.
