El primer estudio encontró un riesgo entre cuatro y ocho veces mayor
En 2024, oftalmólogos de un hospital de Boston vieron un daño poco frecuente del nervio óptico en varios pacientes que usaban la semaglutida. Revisaron sus registros y reportaron un riesgo entre cuatro y casi ocho veces mayor.
Se llama neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica; aquí usamos NAION, su sigla en inglés. El flujo de sangre al nervio óptico cae y la visión se pierde de golpe y sin dolor, casi siempre en un solo ojo. No existe un tratamiento probado.
Los titulares redujeron todo eso a una palabra: «ceguera».
Dos años y más de una docena de estudios más grandes después, una parte del hallazgo se sostiene, pero su tamaño no. La razón es una distinción que casi toda la cobertura pasó por alto: «el doble de riesgo» y «un caso más por cada 10.000» pueden describir el mismo resultado. Lo primero dice cuánto se multiplica algo que ocurre muy poco. Lo segundo dice a cuántas personas les ocurre.
Qué encontraron los estudios más grandes
En Dinamarca, las personas con diabetes tipo 2 que empezaron a usar la semaglutida tuvieron unos 2,2 diagnósticos de NAION por cada 10.000 al año. Quienes empezaron con otro medicamento para la diabetes tuvieron unos 1,2.
El regulador europeo llegó a la misma lectura: cerca del doble de riesgo, es decir, alrededor de un caso más por cada 10.000 personas al año.
La diferencia más grande aparece en un estudio con unos 102.000 veteranos estadounidenses con diabetes tipo 2: unos 12,3 diagnósticos por cada 10.000 al año frente a unos 6,7, es decir, alrededor de seis más.
Varios estudios grandes, entre ellos uno hecho en 21 países, no encontraron un aumento significativo.
Por qué la primera cifra fue tan alta
Los pacientes de Boston venían de una clínica especializada en enfermedades del nervio óptico, adonde la gente llega precisamente porque ya tiene un problema en los ojos. La cifra del estudio equivalía a 890 casos por cada 10.000 en tres años. En esos mismos tres años, en poblaciones enteras de personas con diabetes que usaron la semaglutida, la cifra comparable va de unos 7 (Dinamarca) a unos 37 (veteranos de Estados Unidos).
¿Quién está realmente en riesgo?
Conviene empezar por quién tiene NAION sin que haya ningún medicamento de por medio. Afecta a entre 2 y 10 de cada 100.000 personas al año. En un registro de larga duración en Estados Unidos, el 80% de los pacientes tenía presión alta, el 39% tenía diabetes y el 23% tenía apnea del sueño.
La mayoría comparte además un rasgo anatómico que los oftalmólogos llaman «disco en riesgo»: un disco óptico pequeño y apretado, con poco espacio para hincharse. El regulador de Australia ya indica que quienes tienen esa anatomía corren el mayor riesgo «usen o no un agonista de GLP-1», y que un optometrista o un oftalmólogo puede revisarla.
Esa lista describe a muchas de las personas a quienes se les recetan estos medicamentos. Con eso a la vista, la evidencia separa a la gente en tres grupos.
Personas con diabetes tipo 2. Aquí es donde aparece la relación. El riesgo adicional es pequeño: entre uno y seis casos por cada 10.000 al año, según el estudio. Un estudio británico lo encontró más alto en los primeros seis meses y en personas a quienes el azúcar en sangre les bajó de forma brusca. Es una pista sobre el momento, todavía no una explicación.
Personas que usan la semaglutida para bajar de peso y no tienen diabetes. Hasta ahora los estudios no han encontrado un aumento claro. Los datos todavía son muy pocos para descartarlo.
Personas que ya tienen los factores de riesgo propios de la NAION. Un disco óptico apretado, la apnea del sueño y la presión alta elevan las probabilidades, con el medicamento o sin él.
Sobre la tirzepatida hay todavía menos evidencia. El comité de expertos de Australia concluyó que la evidencia puede respaldar una señal para la semaglutida, pero no para la tirzepatida. La retatrutida, un medicamento distinto que sigue en estudios clínicos, no se incluyó en ninguno de estos estudios.
¿Es el medicamento o la enfermedad que trata?
Esta es la pregunta que sigue abierta, y pesa más que cualquier cifra.
Los médicos suelen recetar un medicamento más nuevo y más potente a quienes tienen una diabetes más difícil de controlar. Y una diabetes más difícil de controlar es, por sí sola, un riesgo de NAION. Un estudio nacional sueco lo puso a prueba en 2026. Cuando comparó a personas en una etapa parecida de la diabetes, la diferencia se redujo y dejó de ser estadísticamente clara.
Los estudios clínicos aleatorizados, en los que el medicamento se asigna al azar y que por eso evitan ese problema, tampoco han mostrado un aumento claro. Pero registraron muy pocos casos como para zanjar el asunto.
Europa añadió una advertencia. La FDA, no.
- Sin advertencia.
Marzo de 2025
Estados Unidos, FDA
Incluye la NAION entre sus posibles alertas de seguridad y dice que evalúa si debe tomar medidas.
- Añadió una advertencia.
Junio de 2025
Europa, EMA
Incluye la NAION como un efecto adverso muy raro de la semaglutida, es decir, hasta 1 de cada 10.000 personas, y señala que el medicamento debe suspenderse si se confirma el diagnóstico.
- Añadió una advertencia.
Febrero de 2026
Reino Unido, MHRA
Añade su propia advertencia.
- Sin advertencia.
Mayo de 2026
Sociedades de oftalmología de Estados Unidos
Hablan de «una posible asociación», dicen que «la causalidad no se ha establecido» y no respaldan suspender el medicamento de forma automática después de un caso confirmado.
- Añadió una advertencia.
Julio de 2026
Australia, TGA
Añade una advertencia y señala a quienes tienen un disco óptico apretado como el grupo de mayor riesgo.
- Sin advertencia.
Septiembre de 2026
Estados Unidos
Ninguna etiqueta de Estados Unidos menciona la NAION. El estudio de la propia FDA sigue en curso.
Qué pueden resolver las demandas y qué no
Personas que dicen haber desarrollado NAION después de usar estos medicamentos demandaron a las dos empresas que los fabrican, Novo Nordisk y Eli Lilly. En diciembre de 2025, un panel federal reunió 20 casos ante una sola jueza en Pensilvania y señaló otros nueve que podrían sumarse. Los casos nombran cuatro medicamentos, dos que se venden para la diabetes tipo 2 y dos para el control del peso, de modo que el litigio llega más lejos que la evidencia, que encuentra la relación en la diabetes. Entre los reclamos está no haber advertido del riesgo. Ningún tribunal ha decidido sobre ninguno.
Una demanda por falta de advertencia pregunta qué sabían las empresas y qué les dijeron a pacientes y médicos. Es una pregunta distinta de si el medicamento causa NAION. El número de casos puede seguir creciendo sea cual sea la respuesta de la ciencia.
Real, poco frecuente y todavía sin resolver
Se equivocan tanto quienes entran en pánico como quienes le restan importancia.
El riesgo es real, y es poco frecuente. Tres reguladores ya lo reconocen, y se ve con más claridad en personas con diabetes tipo 2. Lo que sigue sin resolverse es cuánto de ese riesgo lo causa el medicamento en sí: el estudio grande más reciente sugiere que la enfermedad puede explicar buena parte.
Que sea poco frecuente no lo vuelve menor. Cuando la NAION ocurre, el daño suele ser permanente. En el registro estadounidense, cerca del 13% de los pacientes quedó sin poder hacer más que contar dedos con el ojo afectado, y cerca de uno de cada cinco tuvo NAION después en el otro ojo.
