En 1960, la Dra. Hodgkin tenía 50 años y vivía con artritis reumatoide severa.
La enfermedad autoinmune estaba destruyendo activamente las articulaciones pequeñas de sus manos y muñecas. Para alguien cuyo trabajo requería alinear cristales microscópicos y ajustar equipos delicados, esto era un obstáculo físico enorme.
En lugar de renunciar, diseñó un sistema de palancas y poleas para activar el interruptor de los rayos X cuando sus dedos no podían. Se ataba férulas a las manos y seguía trabajando.
¿Por qué volver a la insulina? Ya había ganado el Nobel. Su legado ya estaba asegurado. Simplemente quería honrar la promesa que se había hecho a sí misma a los 25 años, sin dejar que el rompecabezas la venciera.
Consiguió fondos, convenció a IBM de donarle tiempo de máquina y empujó la matemática hacia adelante. En septiembre de 1969, exactamente 34 años después de aquella primera fotografía, ella y su equipo publicaron la estructura en Nature.
Mapeó 788 átomos acoplados en forma de hexámero. Por fin sabía exactamente dónde estaba el zinc.